Jóvenes, empresarias e industriales: una nueva generación que está transformando el metal navarro

noviembre, 2026

Tamara Labalde y Maialen Úriz comparten cómo asumieron la responsabilidad de continuar sus empresas familiares, los retos de liderar equipos con experiencia y su apuesta por una industria más digital, innovadora y abierta al talento femenino

Ninguna de las dos había trazado un camino directo hacia la dirección de una empresa industrial. Sin embargo, las circunstancias familiares las situaron ante una decisión que cambiaría sus trayectorias profesionales: asumir la responsabilidad de continuar el proyecto empresarial iniciado por sus padres.

Dos recorridos muy diferentes que hoy convergen en una misma realidad: liderar, construir y transformar empresas industriales desde una nueva mirada.

En esta conversación impulsada por la Red Mujeres del Metal de APMEN, ambas hablan con naturalidad de relevo generacional, digitalización, liderazgo, estereotipos y de la importancia de crear redes que ayuden a las mujeres a crecer profesionalmente.

 

Dos mujeres, dos trayectorias y una misma pasión por la industria

Tamara Labalde: continuar el legado y transformar la empresa

Tamara es CEO de Electroerosiones Navarra S.L. Después de diez años trabajando en administración y gestión, decidió asumir el reto de incorporarse a la empresa familiar. Su llegada ha supuesto un impulso a la digitalización, el desarrollo y la mejora de los procesos, sin perder los valores de calidad, planificación y atención al detalle transmitidos por su padre.

“Entré con ganas, pero también con miedo y con responsabilidad.”

Maialen Úriz: aprender desde cero y encontrar su lugar en la industria

Maialen es propietaria y directiva de Troquelería Josa S.L. Procedente del ámbito del deporte y con una trayectoria formativa muy diversa, se incorporó inesperadamente a la empresa familiar tras el fallecimiento de su padre. Cinco años después, ha convertido aquella responsabilidad sobrevenida en una oportunidad de desarrollo, liderazgo y crecimiento profesional.

“La industria es conocimiento, precisión, tecnología y capacidad para resolver retos”.

Una responsabilidad que llegó antes de lo esperado

En el caso de Maialen, la entrada en la empresa fue abrupta. La enfermedad y posterior fallecimiento de su padre hicieron que tuviera que asumir la representación familiar sin un proceso previo de relevo.

“Nunca fui realmente consciente de que estaba asumiendo esa responsabilidad. Me vino y tuve que seguir adelante. Fue una situación de ‘aprendes o aprendes’, porque no había tiempo”.

El cambio profesional fue enorme. Pasó de estudiar anatomía y deporte a familiarizarse con materiales, aceros, tratamientos y procesos industriales. Cinco años después, reconoce que aquella experiencia le ha obligado a mantener una mentalidad abierta y a desarrollar conocimientos que nunca imaginó adquirir.

La incorporación de Tamara fue diferente, aunque tampoco estuvo exenta de presión. Llevaba una década trabajando en administración en otras empresas, cuando su padre le planteó una alternativa muy clara: incorporarse para gestionar la empresa o venderla ante la próxima jubilación de los socios.

“Suponía dejar mi trabajo, mi pueblo, mis amigas y toda mi vida. Entré con ganas de continuar el legado de mi padre, pero también con miedo y con un enorme sentido de la responsabilidad”.

Había crecido cerca del taller, pero no conocía en profundidad su funcionamiento. La decisión significaba comenzar prácticamente desde cero y, al mismo tiempo, asumir que el futuro de la empresa familiar dependía en buena medida de ella.

Entre la valentía y la inconsciencia

Cuando se les pregunta si fueron valientes al aceptar el reto, las dos sonríen. Maialen lo define como una combinación al cincuenta por ciento entre valentía e inconsciencia.

Tamara comparte esa sensación, pero pone también el foco en todo lo que aquella decisión podía abrirle profesionalmente: “Era un reto muy grande, pero también una oportunidad para avanzar en mi carrera y continuar el legado de mi padre”.

Con el tiempo, ambas han aprendido a interpretar aquella decisión no solo como una responsabilidad familiar, sino también como una oportunidad. Dirigir una pyme industrial les ha permitido ampliar sus conocimientos, participar en decisiones estratégicas, explorar ámbitos profesionales diferentes y comprobar hasta dónde podían llegar.

“Te abre un abanico enorme de conocimiento empresarial e industrial. También te permite descubrir capacidades que no sabías que tenías”, señala Maialen.

Conservar el legado y transformar la empresa

Las dos reivindican los valores recibidos de la generación fundadora: el esfuerzo, el orden, la limpieza, la atención al detalle y, sobre todo, la calidad del producto y del servicio.

Sus padres pertenecían a una generación de empresarios muy vinculada al trabajo diario del taller. Trabajaban codo con codo con los equipos y conocían cada pieza, cada máquina y cada proceso. Esa cultura industrial continúa siendo uno de los pilares de sus empresas.

Tamara se ha centrado en impulsar la digitalización de procesos, la formación de las personas, la implantación de herramientas de gestión y el avance en certificaciones. Cuando se incorporó, parte de la documentación se elaboraba todavía mediante hojas de cálculo y calcular el coste de una pieza podía requerir una hora de trabajo manual. Actualmente, la empresa dispone de procesos digitalizados y de una mayor capacidad para analizar tiempos y costes.

“Mantener la esencia no significa renunciar a evolucionar como empresa”, señala.

Maialen identifica ese mismo cambio en la incorporación de aplicaciones de gestión, automatización, proyectos de I+D y nuevas fórmulas para pasar del papel a sistemas digitales.

“El valor de la generación anterior está en el conocimiento del producto y el cuidado del detalle. Nuestra aportación está también en preguntarnos cómo automatizar, cómo digitalizar y cómo hacer las cosas de una manera diferente”.

La combinación entre experiencia industrial y nuevas herramientas representa una oportunidad decisiva para mejorar el control, la eficiencia y la competitividad de las pymes del metal.

Ser joven y mujer en un entorno tradicionalmente masculino

La llegada de dos mujeres jóvenes a puestos de responsabilidad todavía genera sorpresa en determinadas situaciones. Ambas aseguran haberse sentido bien acogidas en el sector, aunque reconocen que todavía persisten algunos comportamientos que se siguen asociando determinado a perfiles en la autoridad industrial.

Aun así, Tamara señala una situación que continúa produciéndose:

“Cuando estás en una reunión con un cliente y estás acompañada por un hombre de más edad, muchas veces se dirigen a él. Incluso aunque seas tú quien hace la pregunta, le contestan a él.”

Maialen evita presentarse como “la jefa” o “la dueña”.

“Siempre digo que soy parte del equipo, porque para mí todos formamos parte del mismo proyecto. Pero cuando alguien explica que soy una de las propietarias, todavía aparecen caras de sorpresa”.

No lo perciben necesariamente como algo negativo, sino como el reflejo de una imagen todavía muy arraigada sobre el perfil de quienes tradicionalmente ocupan puestos de dirección en las empresas industriales. Romper ese estereotipo requiere normalizar la presencia de mujeres en la propiedad, la dirección y las áreas técnicas de las empresas.

De recibir instrucciones a liderar personas

Uno de los retos más complejos ha sido pasar de ser una trabajadora más a convertirse en la persona que organiza, marca prioridades y toma decisiones.

“Pasar de que te lideren a liderar cuesta mucho. Tienes que formarte, abrir la mente, conocer al equipo y aprender a tratar con personas”, explica Tamara.

El cambio resulta especialmente exigente cuando se entra en un equipo con profesionales que acumulan muchos años de experiencia y procedimientos muy consolidados. Introducir una nueva herramienta o modificar una forma de trabajo puede generar resistencia, aunque la mejora resulte evidente posteriormente.

Para Maialen, una de las principales dificultades fue asumir que el puesto de responsabilidad también le pertenecía:

“La silla puede estar hecha a la medida de cualquier persona, pero tienes que creer que esa silla es para ti. Eres tú quien analiza, organiza y decide hacia dónde avanzar”.

Ambas han evolucionado hacia un liderazgo integrador y participativo  que el de la generación anterior. Escuchan al equipo, recogen su conocimiento y valoran alternativas antes de tomar una decisión. Pero también han aprendido que liderar implica asumir la responsabilidad final, explicar los cambios y mantener el criterio cuando consideran que una decisión es beneficiosa para la empresa.

Mucho más que máquinas: una industria de conocimiento y retos

Una de las imágenes que Tamara y Maialen quieren ayudar a cambiar es la de una industria anclada en el pasado. Quien no conoce el sector desde dentro puede seguir imaginándolo como un entorno fundamentalmente manual, cuando la realidad que ellas describen habla de tecnología, precisión, conocimiento y capacidad para resolver problemas.

Maialen pone el acento precisamente en esa última idea. Para ella, uno de los atractivos de la industria está en enfrentarse continuamente a nuevos desafíos: entender cómo se fabrica algo, buscar una solución diferente o encontrar la manera de mejorar un proceso. Es un entorno, explica, en el que hay que estar en constante actualización y poner a prueba los conocimientos.

Tamara destaca además la enorme variedad de sectores que puede haber detrás del metal. “Puedes hacer desde un troquel hasta material quirúrgico o una antena que va al espacio”, explica para mostrar hasta dónde puede llegar el trabajo de una empresa industrial.

También ha cambiado profundamente la manera de producir. Procesos que antiguamente requerían mucho más trabajo manual se realizan ahora con maquinaria cada vez más avanzada, automatizada y precisa. Maialen lo resume de una forma muy gráfica:

“Las máquinas actuales parecen naves espaciales comparadas con las de antes”.

Esta evolución también transforma la gestión: digitalizar procesos y analizar tiempos y costes permite disponer de mejor información para tomar decisiones y ser más competitivos.

“Ya no es un sector solo de hombres, cada vez somos más”

A una joven que se cuestiona trabajar en el sector industrial pero lo considera un mundo masculino, Tamara y Maialen le recomendarían que comenzase por preguntarse qué le gusta y qué quiere hacer profesionalmente.

La industria no ofrece únicamente puestos vinculados directamente a la producción. También necesita perfiles de administración y finanzas, ingeniería, oficina técnica, gestión de proyectos, innovación, digitalización, logística, calidad o dirección.

“Si te gusta innovar, desafiar la física o desarrollar nuevos proyectos, la industria ofrece una oportunidad profesional estupenda”, afirma Maialen.

Tamara añade: “Que sea un sector todavía muy masculinizado no debe frenarte. Hay muchísima variedad y cada vez somos más mujeres. Ya no podemos decir que sea un sector exclusivamente de hombres”.

Para lograrlo, consideran necesario reforzar la colaboración entre empresas, centros de Formación Profesional, universidades y asociaciones empresariales. Las visitas a empresas, los encuentros con estudiantes y la presentación de referentes reales pueden ayudar a que las jóvenes y sus familias conozcan un abanico profesional que muchas veces permanece invisible.

La fuerza de compartir el camino

La conversación lleva de forma natural al valor de compartir experiencias con otras profesionales. Para ambas entrevistadas, encontrarse con mujeres que afrontan retos similares ayuda a poner en común inquietudes, aprender de otras experiencias y ganar confianza.

Maialen destaca precisamente la importancia de no recorrer ese camino en solitario:

“Ir de la mano de otra persona te da confianza y te anima a participar en situaciones en las que quizá serías más retraída”.

Una idea que va más allá del apoyo puntual. Rodearse de personas que te hagan crecer, y a las que tú también puedas ayudar a crecer, forma parte para ella del propio aprendizaje como líder.

Tamara Labalde pone el acento en las relaciones que se generan cuando esos encuentros tienen continuidad:

“Conoces a mujeres que tienen tus mismas inquietudes y problemas. Volvéis a coincidir, os preguntáis cómo habéis resuelto una situación y vais construyendo una relación. Eso es muy bonito”.

Compartir experiencias permite también descubrir que muchos de los retos que cada una afronta en su empresa no son exclusivos. Escuchar cómo otras profesionales han vivido situaciones similares, intercambiar soluciones y volver a encontrarse convierte la red en un espacio de aprendizaje que continúa más allá de cada encuentro.

Ese es precisamente uno de los valores de la Red Mujeres del Metal de APMEN. La red genera así un entorno de confianza en el que las profesionales pueden apoyarse, aprender y crecer juntas. Una comunidad que resulta especialmente valiosa en un sector donde muchas mujeres todavía carecen de referentes cercanos.

Un liderazgo construido con esfuerzo

Ni Tamara ni Maialen eligieron inicialmente las circunstancias que las llevaron a la empresa familiar. Hoy, sin embargo, ambas hablan de su trayectoria desde la satisfacción de haber encontrado su sitio y de todo lo aprendido durante el camino.

Maialen reconoce que siempre habrá nuevos retos:

“Tendrás que enfrentarte siempre a mil y una batallas, pero piensas: he llegado hasta aquí, algo bien habré hecho”.

Tamara comparte esa sensación y pone el acento en algo que muchas veces pasa desapercibido cuando se dirige una empresa: todo el trabajo y los cambios que hay detrás de lo que finalmente se ve. “Echas la vista atrás y dices: cuántas cosas he hecho. Parece que siempre haya estado así, pero no. Hay muchas cosas que la gente no ve porque son detalles o cambios que se hacen hacia dentro”.

Son transformaciones menos visibles que la compra de una nueva máquina, pero que muestran otra dimensión del liderazgo industrial: mejorar procesos, aportar información para tomar decisiones y preparar la empresa para seguir siendo competitiva.

Red Mujeres del Metal de APMEN

Desde APMEN seguimos impulsando la Red Mujeres del Metal para conectar talento, generar referentes y acercar a las nuevas generaciones las oportunidades profesionales que ofrece la industria.

La Red forma parte de una línea de trabajo que busca favorecer el desarrollo profesional, el intercambio de experiencias y la visibilidad de las mujeres que están contribuyendo a transformar las empresas industriales navarras.

Este proyecto cuenta con el apoyo de la Alianza Empresarial por la Igualdad, promovida por CEN y el Gobierno de Navarra.

 “Queremos agradecemos a LABAJERA® la cesión de su innovador espacio para la realización de esta entrevista.” 

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